Música Esperanza: reflexiones sobre arte, pedagogía y militancia

Maximiliano Godoy, Daniel Gonnet

Resumen

El trabajo de la Fundación Música Esperanza está vertebrado por la figura del Maestro Miguel Ángel Estrella. Su recorrido, desde su creación en los primeros años de la década de los años ochenta del siglo pasado, buscó el acercamiento de la experiencia artística a sectores vulnerables y vulnerabilizados de la sociedad. Entonces, los conciertos solidarios y los talleres fueron sus actividades más extendidas en cada una de las filiales o antenas, como se denomina a las diferentes sedes. Uno de los denominadores comunes fue la demanda socio histórica y la voluntad como respuesta militante.
Uno de los proyectos multiplicadores ante las necesidades de época de extender la acción territorial fue la formación de músicos populares con el rol de talleristas, esto es un músico con inquietudes sociales militantes formados en su arte pero también en pedagogías que le permitan complejizar su accionar comprendiendo las particularidades del lugar donde ocurre su actividad y de las personas con quienes se interacciona.
En este trabajo se dialoga con la Licenciada en ciencias de la educación y presidenta histórica  de la fundación, Esther Córdoba. Se mencionan aspectos de su biografía, de procesos de la Fundación, de la cercanía con las madres y de la concreción de creación de la Escuela popular de música que funciona en el Espacio memoria y Derechos humanos Ex ESMA, visto como eslabón en el marco de una política pública estatal de gestión cultural y educativa. 

“no hermano, nosotros nos arremangamos en el momento, pero también vamos a decir una cosa, no venimos tampoco de la nada, porque hemos trabajado en el campo, en el territorio, sabemos lo que es, nos hemos embarrado, todo eso… eso más todas las teorías que tenemos…” Esther Córdoba.

Introducción

Este trabajo, junto con los que conforman esta mesa tiene por propósito poner en valor la dimensión política y transformadora de proyectos que encuentran capacidad de concreción dentro de la llamada década ganada.  Especialmente dentro de la Escuela que nos nuclea al trabajo militante e incansable de mujeres que desde sus roles traccionaron para esa concreción mencionada.
Para lograr este cometido se realizaron entrevistas. Para esta ponencia se entrevistó a  la Licenciada en Ciencias de la Educación Esther Córdoba, Presidenta de la Fundación Música Esperanza. 

Para ponderar algunos de sus dichos y ponerlos como ejes o palabras claves de este trabajo podemos mencionar el énfasis en: la música como proyecto, la militancia -entendida como actividad solidaria, de sentido social sin pedir nada a cambio-, la voluntad como motor, la convicción como fuerza y el encuentro de buena gente que quería cambiar las cosas.

En principio intentaremos reflexionar acerca de cuáles fueron los sentidos que estuvieron en la base de las prácticas narradas y cómo estos podrían asociarse a desarrollos culturales o movimientos sociales, asimismo intentaremos poner de manifiesto las tensiones que puedan haber surgido en relación al campo educativo, dado que, una de las  principales actividades de la Fundación fue brindar talleres de educación musical. Cabe aclarar, que las experiencias que se mencionan no reflejan la totalidad de las actividades realizadas por la fundación, sino un recorte de las que se desprenden de dicha entrevista.

Esther nos recibe en su casa, allí, en actitud distendida y sin planear demasiado preguntas ella va narrando sucesos correspondientes a distintas épocas de la fundación, entretejiendo su propia historia con las de muchos otros participantes, dando cuenta de la diversidad de procesos y realidades que se daban en cada taller o actividad, como también los contextos sociales, históricos y políticos donde se llevaron a cabo. 

Un buen punto de partida fue la reflexión por la actualidad, atendiendo a la polarización social, económica y cultural producto de las políticas de ajuste, que configuran siempre una sociedad fragmentada. 

En la entrevista Esther nos narra el momento en que se incorpora a la Fundación, en aquellos años 90 s, la brecha entre los diferentes sectores sociales fue un factor determinante que motivó acciones por parte de organizaciones de la sociedad civil para favorecer el acceso a derechos de los sectores más postergados. En el caso de Música Esperanza, fue la música la puerta de entrada para trabajar con comunidades y problemáticas diversas, pero desde una idea mucho más integral de justicia social, que filantrópica o iluminista . 

“la idea nuestra, justamente Música Esperanza no es solamente darle o hacer un taller de guitarra en un lugar pobre o marginal, enseñarle a que puedan tocar algo de guitarra o que empiecen a cantar y nos vamos, justamente el tema no es ese, a través de la música lo que también tenemos nosotros es una forma de ayudar y de enseñarle a los chicos para ver si realmente ellos pueden empezar a cambiar su realidad, porque si no que me quedo ¿solamente me quedo conforme porque nosotros ya hicimos lo nuestro? ¿Ese es nuestro compromiso solamente? enseñar a los chicos a tocar la guitarra? Ah!  ya me quedo conforme, ya hice lo mío y sin mirar adonde estamos, sin mirar todo el contexto donde están” ,

Hay una alusión directa por Esther a la importancia de una práctica de educación situada, esencial para el proyecto de la Fundación: en clave freireana la podríamos denominar “educación como práctica de la libertad”, que implica la negación del educando abstracto, aislado, suelto, desligado del mundo, así como la negación del mundo como una realidad ausente (Freire p.1968). Asimismo, la justicia social como punto de partida en pleno ejercicio de derechos, para una práctica posterior ya sea en lo musical como en cualquier otro plano. No es la búsqueda de un talento y el mero apoyo a quien lo poseen sino una práctica igualadora, no individual sino junto con otros, no por fuera de mi medio, sino transformandolo. 

“pero la gente no tiene para comer y ustedes le enseñan guitarra”, bueno ahora va a pasar lo mismo, así que  estén preparados: ustedes que son los jóvenes les van a decir: ¡Como estas interesado en darles guitarra y la gente no tiene para comer, porque no les dan de comer!, claro como ahora justamente si un millón de chicos no tienen para comer y nosotros estamos reunidos pensando en el alimento de la música…”

Encontramos en este fragmento cierta afinidad con la historia de Miguel Angel Estrella:  durante la ultima dictadura civico militar fue detenido, los represores lo torturaban en las manos para que no pudiera tocar mas mientras le decian: “le haces creer a los negros que pueden escuchar Beethoven”, no toleraban que compartiera su musica con los trabajadores. 

La musica asi concebida como un objeto de lujo dista de lo que manifiesta la entrevistada: hoy se sabe que el arte representa una forma específica de conocimiento cognitivo que provee el acceso a nociones, ideas, estructuras y formas de pensamiento que favorecen la interpretación y una comprensión más compleja de la realidad.
Sin embargo, esto fue siempre así, prácticas como la de el Ma. Estrella, los múltiples talleres  y concreciones como las de nuestra escuela recién lograron nuevos conceptos en materia de política pública durante la denominada década ganada. Un ejemplo es este recorte de documentos del mismo Ministerio de Educación en el cual se enfatiza en que “el arte forma parte de la capacidad humana para generar conocimiento. Un conocimiento que tiene sus propias reglas y su manera particular de transmitirse a partir de un lenguaje que le es propio.Si consideramos que el arte es conocimiento, entonces puede ser aprendido, construido y enseñado” (Ministerio de Educación, 2015) 

Sin negar que existen otras necesidades que atender, la entrevistada “no le baja el precio” a la música: nos cuenta que la frase “la música puede hacer cosas imposibles”, era a menudo utilizada por Miguel Angel Estrella, y que de alguna manera impregnó el espíritu del proyecto en las etapas iniciales.

“pero no le damos solamente musica: a traves de eso vamos a ver como podemos articular para alguien, para que le llegue algo de comida para los comedores comunitarios y todo lo demás”

Relatos sobre quehaceres y experiencias concretas

Esther
retoma el relato del trabajo en los talleres de Vinará en la Provincia de Santiago del Estero. En ese lugar aún permanecen los talleres y la fuerte  impronta de la Fundación, y es allí uno de los espacios donde se crió el Ma. Estrella. 

En aquel lugar,  donde había y aún hoy hay muchas necesidades, se organizaba la comunidad para generar sus propios recursos. Resulta necesario pensar también la actividad de la Fundación en relación con gente afín a la  educación popular, que fue creciendo hacia fines de la década de los 70 en América Latina, y con más intensidad en la década de los años 80 en Argentina. Muchos militantes provenientes de distintos campos, países, con formaciones diversas se unieron al quehacer de la Fundación. Una de ellas fue Ana Maria Fernandez, de origen nicaragüense, quien se radicó en Vinará y era la responsable del jardín de infantes.
Muchas de estas corrientes mostraban oposición al  sistema educativo obligatorio estatal y plantean el desafío de sostener una metodología coherente con la concepción política, situándose como parte del proyecto político popular de las organizaciones, tomando  una opción clasista para la comprensión de la realidad y para su transformación a través de las organizaciones populares, dando un lugar fundamental a la acumulación de saber de clase (Di Matteo, Michi, Vila. 2012) 

Percibimos varios puntos de contacto entre las prácticas de la Fundación y estas definiciones, que iremos desarrollando, con la salvedad de una lógica que deviene de una impronta de militancia peronista presente en Miguel tanto como en Esther y que privilegia el hacer por sobre el analizar o sugerir. 

“porque nosotros no trabajamos con unos contenidos, o sea esto no es la escuela justamente, que tenes que tener unos contenidos que te los bajan este o el otro, bueno nosotros ya sabemos cuales son nuestros contenidos, aparte de todo esto”

Es muy importante, y está siempre presente en el relato de Esther su mirada de “no música” como ella se dice. Desde ese no ser músico, es posible comprender a la actividad musical como un quehacer que otorga sentido. No será entonces una música desde concepciones hegemónicas, sino será una práctica inclusiva, humanizante, de creación de nuevos sentidos y generadora de belleza. También, como en el caso de Vinará, San Miguel de Tucuman, Del Viso, y luego en la experiencia de Vuelta de Obligado reciente, tiene lugar una dinámica altamente comunitaria en la participación. Son las familias las que conforman un grupo que tracciona la actividad. 

Si miramos desde una mirada escolarizada, son los contenidos o el currículum ocupan un lugar privilegiado: estableciendo sentidos de la acción escolar, se  autorizan voces discursos y acciones. Al establecer qué se enseña, y cómo se enseña (en asignaturas, en espacios-talleres, en áreas, etc.), plantea una organización de la escuela, de sus horarios y de su distribución de tareas. Esther utiliza justamente el ejemplo de la  forma de organizar los contenidos de la escuela para diferenciarse de ella, y lo que  plantea es que  esas otras necesidades, no las meramente vinculadas a los contenidos o conocimientos, sino las  relacionadas con el  acceso a derechos,  también son concebidas como parte de los contenidos, es decir ocupan un lugar tan central como lo otro, poniendo en tensión el “sentido común” de la educación; en relación a esto, el pedagogo Noel Aguirre nos invita romper ese viejo mito que desde una visión colonialista nos hizo pensar que la “educación es sinónimo de escuela” y nos convoca  a ver la educación como “ mucho más que escuela”,   ampliando los horizontes educativos nos invita a  reconstruir la educación de la escuela, de la calle, de la comunidad, de los medios de comunicación, de la tecnología, del arte y la cultura, de la vida diaria (Aguirre,2016).

Si bien varias de las experiencias de la Fundación fueron desarrolladas dentro de escuelas, se insertaron de manera  extracurricular, es decir fuera de un diseño curricular específico o de los modelos de planificacion y evaluacion predeterminados por el Ministerio, permitiendo esa distancia un necesario margen de libertad de acción: en este contexto, en algunas oportunidades la resolución de  ciertas circunstancias adversas estuvo  mediada por  la creatividad y la experiencia de quienes coordinaban los proyectos, por ejemplo  refiriéndose a la dificultad pedagógica que representaba la gripe aviar por la suspensión de clases en una escuela nos  relata:      

“Bueno, ahí los chicos que no tenían actividad, acordate como trabajaban ustedes en Del Viso,  como trabajaban y Nico, si,  él nos había contado que él dejaba un cuaderno en la librería de la  esquina, y vos decis ¿y eso donde estaba planificado? no hermano, nosotros nos arremangamos en el momento, pero también vamos a decir una cosa, no venimos tampoco de la nada, porque hemos trabajado en el campo, en el territorio, sabemos lo que es, nos hemos embarrado, todo eso… eso más todas las teorías que tenemos…”

Las simientes de una forma de hacer

Ese “no venir de la nada” tiene que ver en parte con las experiencias y los conocimientos previos  de los participantes, en ese sentido la conformación era variada, músicos populares o académicos, musicoterapeutas, educadores, bailarines, profesores; es difícil trazar un perfil homogéneo, pero también está vinculado ese “no venir de la nada “ a un posicionamiento político. Sería lógico pensar que  la figura de Miguel Angel Estrella dejó una huella en la identidad de la  organización en lo referente a lo político; cuando hablaba de inclusión social y peronismo solía molestar a sectores conservadores:

“no le aguantaban que hablara de Peron, bueno, él siempre lo dijo: ¡lo que no me perdonan es ser peronista! eso lo dijo mil veces..”.

.“él ya quería formar aca Música  Esperanza, si bien algo había, pero no había gente y ahí el empieza a decirnos quién quería participar, y yo no era música, tampoco porque haya estudiado no iba a decir soy musica viste, y  ahi  tambien para que vean bueno yo no puedo participar porque no soy música , la idea que yo tenia: como que todos tienen que ser músicos ¡y nada que ver! y ahí empezamos a charlar y él me dijo que sí… un amor Matecha me dijo vení conmigo algo vamos a hacer y bueno empezamos un poco para escribir cosas, escribir, hacer alguna nota eso, de a poco para ver cómo nos organizaremos y acá estoy  ¡Pasaron 40 años !”.

Como complemento de la figura de Miguel, hubo un grupo principalmente integrado  por mujeres que se comprometieron con la gestión de proyectos:

 “se fue formando con mucha gente buena como nosotros, y en esto viste,vamos a decir la verdad somos buena gente, sino no hubiéramos aguantado todo lo que hemos aguantado en el sentido que no teníamos dinero, que no teníamos esto, los años que estuvimos, siempre trabajando voluntariamente, entonces también música esperanza es una organización  sin fines de lucro formada por gente buena fundamentalmente, por eso hace tantos años que estamos, más allá de que no somos iguales, somos diversos porque todos somos distintos, pero somos gente buena que sabemos en definitiva qué es lo que queremos,  esta es nuestra militancia, sino no  hubiéramos podido me parece..”

Con el tiempo se conformaron  procesos que  dieron cuenta  de  las experiencias,  sueños y militancias de aquellos “que no venían de la nada”.

La demanda social fue importante para  la tracción y  organización de talleres y proyectos musicales en contextos diversos y complejos dando la posibilidad a que mucha gente como la misma entrevistada se involucren, imaginen y gestionen actividades sustentables, como por  ejemplo el taller desarrollado en el hospital Garrahan a pedido de un Doctor o el  taller en una escuela primaria de Del Viso: allí  fueron actores de la propia comunidad quienes  a través de la fundación del Viso solicitaron la presencia de Música Esperanza. 

La narración de la  génesis del taller en la Escuela  N ° 39 (CABA) refleja  claramente  el compromiso de la fundación hacia estas demandas sociales y a la capacidad de trascender encuadres preestablecidos a la hora de concretar una acción que se visualizaba necesaria.  

“fue totalmente atípico a lo que veníamos haciendo, porque una cosa es en otro lado, en un barrio que ya pensamos a ver si vamos a hacer un taller de flauta o de guitarra o danza folclórica, pero en este caso era muy complicado para nosotros y sin embargo las madres de esos chicos decían: ¡no pero ustedes deben saber, ustedes saben! entonces ahi esta tambien, porque bueno podes ser un gran pianista, guitarrista, lo que sea pero ahí había chicos que eran down, otros que tenían problemas de motricidad, otro que era ciego, había algunos que no hablaban directamente, o que afectivamente no se comunicaban, y recuerdo que uno de ellos después se comunicó, y esto estaba en los registros, se comunicó en el taller de música con el hermano por primera vez, y aca esta: ¿la musica hace cosas que parecen imposible? Si, ya esta … de distintas esferas, de distintas edades…faltaba poco para que termine el ciclo lectivo, la fiesta de fin de año y bueno que musica esperanza tenga una participacion, y la participacion fue esa, toco Graciela, cantaba tocaba la guitarra y Fabian bailaba, se movia, era un baile de expresion corporal, porque capaz que Graciela cantaba algo que  “es una rana” y Fabian hacia de la rana, saltaba en el piso y unos chiquitos capaz que algo hacian y a otros los alzaba porque algunos no se podian mover,  entonces el los alzaba y bailaba con los chicos y les encanto,los impacto a todos, entonces ahi dijo Matecha: asi va a ser el taller, y se empezo  a hacer asi siempre con algun padre, por supuesto, el padre se sentaba y el hijo estaba adelante, la madre o la tia o quien lo llevara, porque los chicos se iban a hacer atender ahi, entonces los dias, me acuerdo que hubo que organizar los dias que decia la Directora, los dias que podian estar los chicos y todo eso y a los padres les encantaba de hecho se llevaban los casettes en ese entonces, la madres grababan y se llevaban y contaban que en la casa despues le ponian ese casette un monton de veces, y bueno fue barbaro. Entonces ese taller que yo digo, eso no lo teniamos escrito en ningún lado… ¿y vos que haces, le decis a las madres que no?… te dicen ¡usted sabe! no, no sabemos, pero de corazón lo vamos a hacer, no sabemos cómo, pero lo vamos a hacer ese es el tema y fue impresionante”.

La Escuela Popular

Para ser sinceros, en la entrevista poco hablamos de lo que queríamos indagar, pero no nos importó demasiado porque mucho de eso lo vivimos. 

Teniendo en cuenta mucho de lo narrado hasta aquí, encontramos que muchas de las semillas del trabajo de la Fundación, aun sin haberlo tenido en cuenta especialmente, entroncan directamente  con los postulados que cimentan la Escuela y la formación que promueve la Tecnicatura en Música Popular.  

Sabemos acerca de la llamada de las Madres, que fue todo un acontecimiento ya que fue la posibilidad de poder contribuir con las experiencias de mucho tiempo y amplitud de territorios a un proyecto político que nutra una política pública.

La  popular frase “si tienen dudas, sigan  a los pañuelos” condensa  un sentir social  de referencia y memoria viva hacia formas de resistencia y construcción que cohesionan a agrupaciones diversas del campo popular, es de esperar que el mismo devenir de la Escuela Popular de Música sea para la Fundación Música Esperanza un proceso de sistematización de sus saberes y un espacio de trascendencia. 

Sabemos que fue la llave para otorgar un sentido territorial a la formación y que aún estamos de pie. Más allá de concepciones puntuales que debemos debatir y acompasar, seguimos creyendo en la formación de un músico social, un todo terreno, un gestor, con una sensibilidad especial. 

A modo de conclusión

Recorrer junto con Esther 40 años de trayectoria en una entrevista a pesar de “todo lo que nos quedó por hablar” nos permite llegar a algunos puntos de resumen a modo de conclusión.
La generación revolucionaria a la que los procesos dictatoriales intentaron diezmar estaba altamente calificada y poseía un grado altísimo de movilización y  militancia  transformadora. La Fundación tomó esas banderas a partir de la figura del Ma. Estrella y genero actividades desde estos paradigmas.  Complementario con lo anterior, la experiencia y formación proveniente del peronismo como acción en comunidad organizada, forjó una identidad que aún permanece.

La música como territorio humanizante: La enseñanza de vida de Estrella en su espiritualidad alrededor de la música sirvió como aura para que la belleza y la espiritualidad en la práctica musical sea per se transformadora. “Fantástica mediadora entre los hombres, vieja como el mundo, tan compartida como la luz del sol, la música habla el lenguaje universal de la vida y de la muerte, del dolor, la alegría y la esperanza.” (Estrella y Menuhin, 1998. s/p)

La voluntad como forma de trascender lo aparente. Lo trabajado en la escuela N °39 sirve como ejemplo. Partir desde un no saber pero desde un intentar para llegar a logros impensados. Esto nos lleva a tener siempre la predisposición a la solidaridad como manera de hacer y la confianza en lo popular como espacio donde todos queremos y necesitamos de otros para vivir mejor. 

Regresando a lo que mencionamos en un principio,  la militancia -entendida como actividad solidaria, de sentido social sin pedir nada a cambio-, la voluntad como motor, la convicción como fuerza y el encuentro de buena gente para cambiar las cosas.
No parece ser otro el desafío en este momento, preservar lo conquistado en mejores épocas, permanecer en unión con otros y ser buena gente.
La música como camino humanizante que embellece nos devuelve a ese lugar una y otra vez.
Viene muy a mano, tanto como inspiración como también en un ejercicio de  vista a lo lejos, el escrito que compartieron los maestros Miguel Estrella  Estrella y Menuhin, de quienes Esther ha hablado en su entrevista y que han sido faros en la apuesta a construir desde la música para permanecer humanos. A modo de conclusión y casi como una carta abierta, o en estos tiempos lúgubres, un mensaje en una botella, ellos nos dicen:
“nosotros, músicos y amigos de la música, creemos que puede acercar a los hombres y hacerlos más solidarios. Mensajera de la paz, actúa en favor de los que sufren, están privados de la salud, del derecho al trabajo, de su dignidad humana. La música no es —no debe ser— un objeto de consumo, sino un medio de abrirse un camino hacia los otros y hacia sí mismo. El miedo tiene tantas caras como la miseria. Miedo y miseria del obrero ante la fábrica que se cierra, del artista a que se le quemen las obras o del campesino cuando le roban su tierra. Miedo también los unos de los otros, sobre todo en las grandes ciudades donde la gente ya no se habla… El miedo, en el año 2000 como en todos los tiempos, es siempre el fin del mundo. Pero el miedo es también la esperanza de que todo es posible cuando todo ha fracasado, que todo está por hacer cuando todo está perdido. El miedo, en última instancia, debe justificar nuestro optimismo. Es la certeza de que, de todas estas cuestiones en forma de angustia — nunca planteadas con tanta agudeza como en esta víspera del tercer milenio, gracias a los extraordinarios medios de comunicación actuales— nacerá una inmensa creación, obra de todos, y no la destrucción. Soñamos un mundo libre y sabemos que somos muchos los que compartimos esta esperanza. Soñamos con que la paz ya no sea una preparación para la guerra . 

¿Somos utópicos? Quizá. ¿Idealistas? Ciertamente. Pero, sin ideal, sin utopía ¿qué progresos podría esperar la humanidad?” (Estrella y Menuhin, 1998. s/p)

Que no nos invada el miedo ni se disperse la ronda. Que no se apague el fuego y que sea una vez más la música esa lumbre que nos mantenga humanos. 

Referencias bibliográficas

Buch, E., & Fléchet, A. (2018). Music, Diplomacy and International Solidarity: The Campaign for Miguel Ángel Estrella (1977–1980). International Relations, Music and Diplomacy: Sounds and Voices on the International Stage, 193-211.

Di Matteo, M. F. (2020). Ateneos y formación pre profesional en trabajo social. InterCambios: Dilemas y Transiciones de la Educación Superior, 7(2), 2.

Estrella, M. A., & Menuhin, Y. (1998). La musique, messagère de la paix. Le Monde Diplomatique.
https://www.teixintfilsdemocions.com/wp-content/uploads/2021/07/articulo-la-musica-mensajera-de-la-paz.pdf


Freire P. (1968) Pedagogía del oprimido.  Editorial S XXI .Buenos Aires,.

Ledezma, N. L. (2016)  Educación de la vida y en la vida, para vivir bien, Revista internacional sobre investigación en educación global y para el desarrollo.  Número 10 

http://educacionglobalresearch.net/wp-content/uploads/EGR10-02-Aguirre-Castellano.pdf
Ministerio de Educación de la Nación  (2015) Temas de arte 1. .

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