Música, Memoria y Transformación Social: La Experiencia de la Escuela Popular de Música como Política Pública Cultural

Diego Di Crescenzo, Martín Fernández y Romina Bianchini

Introducción 

Trabajar sobre políticas culturales es empezar primero por definir el ámbito de la cultura. La cultura es un horizonte simbólico compartido que nos permite generar sentidos. Pensar a la cultura como aquello que nos sigue interpelando es poder encuadrarla en diferentes enfoques de políticas culturales.

Coincidimos con Ana Wortman (2017), cuando plantea que Las políticas culturales como toda política están atravesadas por interacciones singulares entre los elementos (estado, sociedad civil, campo cultural, economía) también por los significados prevalecientes de cultura tanto, en el país donde estas se implementan, como con el clima de época y las instituciones que intervienen en la producción de conocimiento y en la gestión. Analizar el concepto políticas culturales supone no sólo abordar una cuestión intelectual, sino también tener en cuenta una dimensión práctica, en términos de acciones, que le van imponiendo sentidos y revisiones tanto en la gestión como en nuevos modos de abordar lo cultural. La resignificación del  concepto incluye ambas cuestiones. Por su parte, como todo concepto que lleva a su lado el término cultura, se generan múltiples controversias con su definición, ya que siempre aparece la pregunta acerca de qué estamos hablando cuando hablamos de cultura. 

En este sentido, Las diferentes definiciones de lo cultural impactan en el (abordaje operativo), metodologías, modos, paradigmas  de la gestión, porque las definiciones de la cultura “implican posturas ideológicas, éticas y profundamente políticas, que orientan y condicionan el anclaje del día a día de nuestros proyectos e intervenciones”. Es decir, las definiciones conceptuales, que permiten entender el recorte ideológico y el anclaje operativo de las diferentes políticas o proyectos culturales, tanto públicos como privados con y sin fines de lucro, acarrean resultados concretos en el terreno de la acción. Las definiciones no son inocuas (Solano, 2017). 

Para comenzar, haremos referencia a las políticas culturales tal como lo plantea García Canclini, quien sostiene que no solo son desarrolladas por el Estado, sino también por movimientos sociales y organizaciones civiles. Las políticas culturales se enmarcan en un proceso de construcción simbólica compartida, que aborda tanto el desarrollo de la cultura como un espacio de poder y gestión democrática.

Siguiendo a este autor destacamos que las políticas culturales son las intervenciones realizadas por diversos actores sociales, incluidos el Estado y la sociedad civil, para fomentar el desarrollo simbólico y satisfacer las necesidades culturales de la población. Estas acciones buscan no solo preservar el arte y patrimonio cultural, sino también generar consenso y transformación social. Ana Wortman subraya que las políticas culturales son el resultado de la interacción entre distintos actores e instituciones, y están profundamente ligadas a contextos históricos, ideológicos y políticos.

“Las políticas culturales son los modos, relaciones y modelos de gestión de la cultura entendida como un bien público, y por tanto sujetas a una regulación y gobierno democrático al entender que la cultura es un bien común, que favorece el desarrollo humano social, comunitario y económico. En su administración, gestión y regulación democráticas se generan tensiones y relaciones complejas entre lo que es o no cultura, quién la produce y cómo se mantienen y se garantiza como un derecho ciudadano”

Por ello, la creación y el diseño de políticas culturales deben incluir una diversidad de actores sociales (Harvey, 1994; Zubiría, Abello y Tabares, 2001; Mato, 2001) con el fin de producir, generar y difundir las características y representaciones simbólicas de las prácticas sociales (Coelho 2000; Zamorano, 2016)

En este sentido, las definiciones de lo cultural afectan directamente a cómo se gestionan las políticas culturales. Esto incluye las metodologías, los modos de intervención y las ideologías subyacentes. Las decisiones sobre lo que constituye cultura no son neutrales; están cargadas de significado y condicionan las acciones en el terreno, tanto en el sector público como en el privado. De esta forma, las políticas culturales se transforman en herramientas para la intervención simbólica y social.

Recorrido Histórico de las Políticas Culturales en Democracia 

En este trabajo también nos referiremos a las tensiones presentes en la realidad social y cómo estas influyen en las políticas culturales, desde la llegada de la democracia hasta la actualidad. 

A lo largo de este tiempo, hemos atravesado diferentes paradigmas, cada uno reflejando las transformaciones en la relación entre el Estado, la sociedad y la cultura.
Las tensiones presentes en la sociedad, como la desigualdad económica, las demandas de reconocimiento de las diversidades culturales y las luchas por los derechos humanos, han influido de manera decisiva en las políticas culturales. Durante la transición democrática, la necesidad de abordar las secuelas de la dictadura y restablecer los derechos fundamentales impactó en la definición de las políticas públicas, especialmente en lo que respecta a la memoria y los derechos humanos.
En tiempos más recientes, las políticas culturales se han visto afectadas por las tensiones entre los modelos de desarrollo económico neoliberal y las demandas de inclusión social. Estas tensiones han generado debates sobre el rol del Estado en la promoción cultural, la protección de las identidades culturales y el financiamiento de proyectos culturales que no responden a lógicas comerciales.

“En 1983, con la asunción del Dr. Raúl Alfonsín como primer presidente elegido democráticamente después de la dictadura, en la Argentina se pusieron en marcha numerosas políticas y proyectos culturales. Según Ana Wortman (1996) la cantidad e impronta de las políticas culturales implementadas dan cuenta de la importancia que empezó a asumir el campo cultural en el período post dictatorial en la Argentina. Esta relevancia de lo cultural era un aspecto compartido con otros países latinoamericanos en donde las democracias recuperadas exigían reflexionar sobre fundamentos para el nuevo orden político y la reconstrucción de los vínculos sociales.” (Solano, 2017 p. 125)

“El paradigma de política cultural dominante fue la democratización cultural. Este paradigma concibe a la política cultural como un programa de distribución y popularización del arte, el conocimiento científico y las demás formas de “alta cultura” bajo la concepción de que el derecho a la cultura debe ser efectivamente respetado como uno de los derechos del hombre. Si bien García Canclini (1987) señala que su éxito fue más retórico que práctico, en los ´80 en varios países latinoamericanos que sufrieron dictaduras la Democratización Cultural fue el paradigma que guió el diseño de las políticas culturales implementadas con el objetivo de aminorar la elitización de las prácticas culturales, reconstruir espacios y vínculos sociales, y deshacer formas cotidianas de autoritarismo en la sociedad” (Solano, 2017 p. 128).

En relación a las Políticas de Memoria, consideramos  que las políticas de memoria han jugado un rol clave en el proceso de democratización y en la construcción de identidad. A partir del gobierno de Raúl Alfonsín, se implementaron importantes políticas de memoria, como la creación de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) y el informe “Nunca Más”. Sin embargo, estas políticas fueron interrumpidas por las leyes de impunidad durante el gobierno de Carlos Menem, que indultó a militares responsables de violaciones a los derechos humanos.

Los primeros años de la década del ´90 resultaron un período de extrema precariedad para el programa. El achicamiento del Estado, la lógica del mercado y el vendaval de privatizaciones que se cristalizó en la emergencia de un nuevo paradigma hegemónico.

Esto da cuenta de una nueva configuración de la relación entre Estado y cultura, que, siguiendo la propuesta de clasificación de los paradigmas de las políticas culturales de García Canclini, puede ser ubicada bajo el paradigma denominado Privatización neoconservadora.

En términos generales, el surgimiento de este paradigma está asociado al comienzo de la crisis económica internacional de los años ´70. Para enfrentar la crisis, las corrientes neoconservadoras fomentaron la reorganización del modelo de acumulación, lo cual, entre otros aspectos, incluía la eliminación de áreas ineficientes del capital; la búsqueda de la recuperación de la tasa de ganancia mediante la concentración monopólica de la producción y su adaptación a los patrones de la economía financiera transnacional; la reducción del personal y de los salarios en relación con el costo de vida; la cesión de espacios tradicionalmente administrado por el Estado a las empresas; y la restricción del gasto en servicios (García Canclini, 1987). En el terreno de la cultura propiamente dicho, las principales medidas giraron en torno a transferir la iniciativa cultural a las empresas privadas, disminuir los fondos públicos y, en consecuencia, las acciones estatales, y reducir la política cultural a la promoción de grandes espectáculos de interés masivo.

En América Latina durante los ´90 esta concepción se convirtió en hegemónica hacia el interior de la intervención estatal en cultura. Según Wortman (1996), la reducción de los fondos, sumado a las exigencias eficientistas impuestas por la tecnocracia monetarista en todas las áreas, llevó al Estado a reducir las acciones “no rentables” y “aquellas que no se autofinancien”, como la política cultural. Estos cambios no se produjeron sin conflicto, ya que el reordenamiento se enfrentó con las demandas de los movimientos populares. La autora afirma que el éxito y los límites a la reorganización empresarial de la cultura dependieron en gran parte del grado de organización y de la capacidad de estos movimientos para sostener las conquistas (Solano, 2017).

En este sentido, cabe señalar que la dinámica que adopta la relación entre Estado y cultura en un determinado período,  se cristaliza en la primacía de un paradigma de política cultural. En tanto son resultado de decisiones políticas las que otorgan características sustancialmente diferentes a lo largo de su historia, así, la identificación de estos modelos permite explorar el carácter no objetivo de la decisión de políticas públicas y su enraizamiento con intereses y relaciones de poder. 

“Por suerte, el relato de las transformaciones de la sociedad, el Estado y el vínculo entre ambos, no concluye con los noventa; el proceso iniciado después del debacle aliancista de 2001, sobre todo con la asunción de Néstor Kirchner, ha reconfigurado el panorama, redefinido el rol del Estado y, muy especialmente,el de la política misma como el espacio por excelencia para la construcción de conjunto de un futuro mejor. (Mendes C. 2015)

A partir de los años 2000, con el gobierno de Néstor Kirchner, la memoria volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública, con políticas que reivindicaron los derechos humanos y el recuerdo de las víctimas de la dictadura. Monumentos, excavaciones arqueológicas y la creación del Parque de la Memoria son ejemplos de estas iniciativas. La ex ESMA se convirtió en un sitio de memoria y, en 2023, fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, consolidando su importancia como símbolo de la memoria y los derechos humanos.

La construcción de políticas culturales no solo es una cuestión de definición conceptual, sino que involucra prácticas concretas y luchas sociales. La memoria histórica y su territorialización, a través de espacios como la ex ESMA, son ejemplos de cómo las políticas culturales son también políticas de memoria. Estas intervenciones no solo buscan preservar el pasado, sino también mantener vivo el debate sobre la justicia, la identidad y los derechos humanos en nuestra sociedad actual.

Asimismo, es fundamental destacar cómo el activismo de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora fue clave en la construcción de la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos en Argentina. A lo largo de los años, las Madres expandieron sus demandas desde la búsqueda de justicia por los desaparecidos hacia una defensa más amplia de los derechos sociales y políticos, con una fuerte crítica al sistema neoliberal. Aquí es importante resaltar que sus consignas, además de ser un recordatorio de las injusticias pasadas, también plantearon una visión renovada del futuro basada en valores de igualdad y justicia.

A continuación y con el objetivo de  enriquecer la discusión sobre los movimientos de derechos humanos en Argentina, particularmente el papel de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y las políticas de memoria durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, presentaremos un brevemente un contenido que consideramos contribuye de manera significativa al marco general de la lucha por los derechos humanos y la preservación de la memoria histórica en el país.

Algunas ideas claves:

  1. El Activismo y la Política bajo el Gobierno de Kirchner: Nestor Kirchner adoptó una postura que abrazaba la lucha por los derechos humanos y la justicia histórica, uniendo los movimientos sociales y el Estado en una causa común. Esta acción no solo llevó a la reapertura de los juicios por crímenes de la dictadura, sino que también impulsó la creación de espacios como la ex ESMA, ahora convertida en el Espacio Memoria y Derechos Humanos, marcando un hito en la política de memoria.
  2. La Ex ESMA y su Transformación: el 24 de marzo del 2004 se dio la recuperación del predio de la ESMA. El mismo pasó a llamarse Espacio Memoria y DDHH  y su transformación en un espacio de memoria no solo tiene un impacto en la memoria colectiva argentina, sino que ahora tiene un reconocimiento internacional como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este proceso fue clave para que la memoria de los crímenes de la dictadura siga viva y accesible a futuras generaciones.
  3. Madres de Plaza de Mayo: El movimiento de las Madres evolucionó desde la búsqueda de sus hijos desaparecidos hacia una crítica más amplia del sistema capitalista y la promoción de valores universales como la justicia social, igualdad y defensa de los derechos humanos. Su activismo constante ayudó a construir una narrativa que entrelaza el pasado con las luchas presentes por una sociedad más justa.
  4. Legislación y Protección de los Espacios de Memoria: La Ley Nacional 26.691 garantiza la preservación de sitios como la ex ESMA, reconociéndolos como lugares clave para la memoria, la educación y la investigación judicial. Esta legislación subraya la importancia de proteger estos espacios no sólo como monumentos históricos, sino como herramientas activas en la lucha por los derechos humanos.
  5. Espacio para la Memoria como Espacio Vivo: La creación de instituciones como la Tecnicatura de Música Popular, y la Escuela Popular de Música dentro del predio de la ex ESMA muestra cómo estos lugares se han convertido en espacios vivos, donde la historia se vincula con el presente a través de actividades educativas, artísticas y de promoción de los derechos humanos.
  6. Reconocimiento Internacional: La inclusión del Museo Sitio de Memoria ESMA como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2023 refleja su valor no solo para Argentina sino para la humanidad. Es un símbolo global de la lucha contra el terrorismo de Estado y la desaparición forzada, y un testimonio de la importancia de la memoria y la justicia en las sociedades democráticas.

A lo largo de este tiempo, hemos atravesado diferentes paradigmas, cada uno reflejando las transformaciones en la relación entre el Estado, la sociedad y la cultura.

Memoria y su influencia en el presente
El ejercicio de la memoria, según Castoriadis, es un proceso de aprendizaje y transformación constante. Este ejercicio de recordar no solo tiene un valor en sí mismo, sino que determina las relaciones de una sociedad con su futuro. Los espacios de memoria y las marcas territoriales, como las baldosas que recuerdan a las víctimas de la dictadura en Argentina, amplían el relato para que llegue a nuevas generaciones, fomentando una historia inclusiva. Estos lugares no solo preservan el pasado, sino que invitan a una reflexión crítica sobre el presente y la proyección de futuros posibles.

Educación para la paz y defensa de los derechos humanos
Finalmente, la importancia de educar para la paz y defender los derechos humanos en contextos donde estos están en peligro no puede ser subestimada. El compromiso de las generaciones anteriores nos obliga a estar alertas y a involucrarnos activamente en la defensa de los derechos conquistados. La utopía, entendida como un horizonte de posibilidades futuras, es lo que debe guiar nuestra acción cultural en el presente, tal como lo afirma Héctor Olmos. La decisión  de política cultural debe estar orientada hacia la construcción de un futuro más justo, partiendo de las bases sólidas del compromiso con los derechos humanos, la memoria histórica y la música.

Instituyente e Instituido en la Construcción de la Escuela Popular de Música
Desde la perspectiva de Castoriadis, podemos comprender la Escuela Popular de Música como un proceso que conjuga lo instituyente y lo instituido. Las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora representan esa fuerza instituyente (Santillan Güemes, R. 2004) que junto a otros actores y organizaciones de la Sociedad Civil, a través de sus luchas, han generado nuevas significaciones sociales en torno a los derechos humanos. Este impulso instituyente se transforma en institución mediante la creación de la Escuela, que se configura como un espacio formal y legal, pero también como un marco de creencias compartidas, en torno a causas sociales fundamentales.

Cabrera (2006, p. 52) señala que las significaciones sociales instituidas conforman un “conjunto de totalidad coherente de creencias compartidas”, lo que se refleja en el entramado de la política cultural desarrollada por Escuela Popular de Música. Este proyecto está basado en significados y creencias inquebrantables, que tienen como eje la memoria, el territorio,   los derechos humanos, la cultura y la educación. Así, la Escuela no sólo forma músicos, sino que también fomenta la transmisión de valores fundamentales y de conciencia social.

En este proceso, las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil) juegan un papel crucial al encarnar significaciones imaginarias sociales. Como plantea Cabrera (2006), estos significados no son individuales, sino colectivos y se convierten en los fundamentos del imaginario social. La Escuela Popular de Música es un claro ejemplo de cómo las OSC pueden influir en la construcción de políticas públicas y en la configuración de imaginarios colectivos.

El surgimiento de la Escuela en el Espacio de la Memoria (ex ESMA) no es fortuito, sino que responde a una articulación entre el pasado y el presente, entre el horror de la dictadura y la posibilidad de redención a través de la educación musical. La presencia de las Madres en este proyecto es fundamental, ya que su lucha por la verdad y la justicia se traduce en la formación de nuevos artistas comprometidos con su comunidad y su historia.

Metodologías de Trabajo y el Compromiso con el Legado de las Madres
El éxito de esta política cultural bottom-up radica en las metodologías de trabajo implementadas, las cuales están profundamente ligadas al legado de las Madres. La Escuela promueve la formación de músicos con un fuerte compromiso social, combinando teoría y práctica en torno a los derechos humanos. Esta articulación permite que los estudiantes no sólo adquieran conocimientos musicales, sino también una conciencia crítica sobre su papel como actores de cambio social.

Además, la Escuela se inspira en el modelo de democracia cultural de los años setenta, basado en la redistribución cultural y en la promoción de una oferta estética y social más plural (Urfalino, 1996). Este enfoque ha permitido que la Escuela Popular de Música no sólo sea un espacio de formación artística, sino también un proyecto con una fuerte carga simbólica y política, que busca la transformación social a través del arte y la cultura.

El Espacio para la Memoria como Territorio para Habitar los Derechos Humanos
El Espacio para la Memoria, donde se ubica la Escuela, también juega un papel central en este proceso. Este territorio concreto, que alguna vez fue un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura militar, ha sido resignificado como un lugar de vida y resistencia. Aquí, los estudiantes no sólo se forman como músicos, sino que también habitan un espacio cargado de memoria histórica, donde el pasado se mantiene vivo como una advertencia constante y una fuente de inspiración para el futuro.

Las Madres y el equipo toda la amplia comunidad que conforma el proyecto, han trabajado incansablemente para dar vida a este espacio, como  la apertura de la Tecnicatura y  logrando recuperar partes del edificio para exposiciones, seminarios y talleres , especialmente, para la instalación definitiva de la Escuela Popular de Música. Este esfuerzo no sólo busca resistir al olvido, sino también construir una agenda cultural actual que aborde temas como el derecho a la identidad, las diversidades, la salud, la cultura y la soberanía.

La Escuela Popular de Música es más que una institución educativa: es una expresión concreta del legado de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y de su lucha por la memoria, la verdad y la justicia. A través de este proyecto, las Madres han logrado articular la música y los derechos humanos en un espacio que fomenta la integración de teoría y práctica, y que promueve la transformación social.

Esta política cultural bottom-up, impulsada desde la base y sostenida gracias al compromiso de las Madres y otros actores sociales, es un ejemplo de cómo la cultura puede ser un motor de cambio. El desafío de educar para la paz y defender los derechos humanos sigue siendo una tarea inacabada, pero el camino trazado por las Madres y la Escuela Popular de Música demuestra que es posible avanzar hacia un futuro más justo y solidario, siempre con la memoria y los derechos humanos como pilares fundamentales.


La Escuela Popular de Música como política cultural bottom-up impulsada por la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y la Fundación Música Esperanza

La Escuela Popular de Música nace como una política cultural que puede ser considerada un ejemplo emblemático del enfoque “bottom-up”, es decir, una iniciativa que emerge desde las bases de la sociedad, en este caso impulsada por dos organizaciones fundamentales en la defensa de los derechos humanos en Argentina: la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y la Fundación Música Esperanza. Esta iniciativa se enmarca en un clima de época que reconoce la centralidad de los derechos humanos, especialmente luego de la dictadura cívico-militar que afectó al país entre 1976 y 1983, y se sostiene gracias a una articulación con actores diversos, que van desde movimientos sociales hasta entidades académicas como la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El proceso de creación y desarrollo de la Escuela Popular de Música está profundamente vinculado al legado de las Madres de Plaza de Mayo, quienes, a través de su incansable lucha por la memoria, la verdad y la justicia, lograron posicionar la defensa de los derechos humanos en el centro de las políticas culturales. La Escuela representa no solo un espacio de formación musical, sino también un espacio de resistencia cultural, en el que la música se convierte en una herramienta para la transformación social y la reivindicación de los derechos fundamentales. Así, la música se entrelaza con la política y la memoria, conformando un proyecto educativo con profundas implicancias sociales y culturales.

La articulación con la UNLP mediante la Tecnicatura en Música Popular amplía el alcance de este proyecto, dándole un sustento académico que refuerza el compromiso con la democratización del acceso a la cultura y la educación musical. La Tecnicatura no solo es una vía para la formación técnica de músicos comprometidos, sino que también se fundamenta en la idea de que el arte debe ser accesible para todos, especialmente para aquellos sectores más vulnerables, promoviendo así una cultura inclusiva y participativa. Es decir, atacar los efectos de la desigualdad con el objetivo de  cambiar radicalmente las formas de producción y consumo de bienes simbólicos. La colaboración entre estas instituciones y la universidad, refleja la importancia de construir alianzas estratégicas que fortalezcan el impacto de las políticas culturales desde las bases de la sociedad hacia las esferas institucionales.

Desarrollo de la Tecnicatura en Música Popular en articulación con la Universidad Nacional de La Plata (UNLP)
La Escuela Popular de Música, que se enmarca dentro de la propuesta más amplia de la Tecnicatura en Música Popular en articulación con la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), representa un esfuerzo significativo por vincular la música con una causa política y social profundamente arraigada en los derechos humanos. La elección de desarrollar esta tecnicatura no es fortuita, sino que responde a una intención deliberada de dar continuidad al legado de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y su compromiso con la justicia social y la memoria histórica.

Como venimos destacando, este proyecto educativo va más allá de la mera formación técnica en música. Integra, de manera transversal, los valores y las luchas por los derechos humanos que han caracterizado a las Madres de Plaza de Mayo, fusionando la práctica musical con la acción política. En este sentido, la tecnicatura no solo se concibe como un espacio de formación académica, sino como un espacio de resistencia cultural y revitalización de la memoria colectiva.

Las políticas culturales que emergen de estas interacciones son el resultado de un diálogo constante entre las iniciativas de base y las estructuras del Estado. Estas políticas, como bien señalan Abello Trujillo, Tabares y Zubiría Samper (1998), no pueden ser aplicadas de manera homogénea en todos los contextos, sino que deben respetar las lógicas locales y el entramado social de cada lugar. En este sentido, la Escuela Popular de Música se constituye como un modelo singular, en el que el legado vivo de las Madres de Plaza de Mayo y su lucha por los derechos humanos encuentran una nueva expresión en la música popular y la educación artística.

El Legado Activo de las Madres y la Utopía como Impulso
El legado de las Madres de Plaza de Mayo no se limita a la lucha por la memoria y la justicia; su compromiso también se extiende a la construcción de un presente y un futuro donde los derechos humanos sean el cimiento de la vida social y cultural. La música, en este sentido, se transforma en un vehículo para promover una cultura que refleje esos valores. Es, además, una herramienta para incidir en la política, transformando las realidades de aquellos sectores que han sido sistemáticamente excluidos de los circuitos tradicionales de poder y cultura.

El desafío, entonces, es educar para la paz, para la memoria y para los derechos humanos, utilizando / pensando la música como un puente entre las generaciones y las luchas.

La Música como Herramienta de Transformación Social
La música, pensada como acción y no como objeto, trasciende sus fronteras formales estéticas y se convierte en una herramienta social para la transformación, de comunicación, y de garantía de derechos. Esta concepción se manifiesta en la Escuela Popular de Música donde no solo se busca desarrollar habilidades musicales, sino también trabajar una conciencia crítica y transformadora en el entramado social y territorial donde las músicas circulan, se producen y reproducen.

La influencia de la Escuela Popular de Música también se extiende a la comunidad, donde se llevan a cabo actividades que fomentan la participación activa y el empoderamiento. A través de conciertos, talleres y actividades culturales, la Escuela se posiciona como un espacio de encuentro donde las experiencias de vida, las luchas y las aspiraciones de los ciudadanos se entrelazan. Este enfoque comunitario refuerza la idea de que la cultura es un derecho que debe ser ejercido y defendido, y que su ejercicio efectivo no es solo responsabilidad del Estado. 

El proceso de desarrollo de la Escuela Popular de Música puede ser entendido, entonces, como una política cultural bottom-up. Esta política se caracteriza por su enfoque en la base, donde los ciudadanos, a través de sus organizaciones, son protagonistas de su propio desarrollo cultural. Las Madres de Plaza de Mayo, como motor de esta iniciativa, encarnan el compromiso de una generación que no solo busca recordar, sino también construir un futuro donde los derechos humanos sean una realidad.

Conclusiones
En conclusión, la Escuela Popular de Música se presenta como un espacio fundamental en la construcción de una política cultural inclusiva y comprometida con los derechos humanos. A través de su labor, se promueve la formación de músicos conscientes de su rol en la sociedad y la importancia de la música como herramienta de transformación social. Este enfoque, impulsado por las Madres de Plaza de Mayo, Música Esperanza  y otras OSC, destaca la necesidad de articular la memoria con el presente para construir un futuro más justo.

La continuidad de este legado, sostenido por metodologías de trabajo que fomentan la participación y el compromiso, garantiza que la lucha por los derechos humanos y la defensa de la cultura permanezcan vigentes. La Escuela Popular de Música no solo se erige como un espacio de aprendizaje, sino también como un faro que guía hacia un horizonte donde la utopía de una sociedad más justa y equitativa se convierte en una realidad posible.

Uno de los pilares fundamentales de la Escuela Popular de Música es el reconocimiento de la participación activa en la vida cultural como un derecho humano. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el acceso a la cultura es un derecho inalienable, y la Escuela refleja esta premisa mediante su compromiso de facilitar la inclusión y la participación de sectores históricamente marginados. Este derecho se ejerce a través del acceso a la formación musical, pero también en el reconocimiento de la música como un espacio para el intercambio, la creación colectiva y la expresión de identidades diversas

El concepto de democracia cultural que orienta las acciones de la Escuela se remonta a las luchas por una cultura inclusiva y accesible, que se diferencia del mero consumo pasivo de productos culturales. Se busca democratizar no solo el acceso, sino también la producción cultural, entendiendo que cada comunidad y grupo tiene algo que aportar. Este enfoque dialoga directamente con las experiencias de los años setenta, recuperando prácticas de redistribución cultural en las que todos los sectores sociales participan de manera equitativa. A través de esta democracia cultural, la Escuela Popular de Música aspira a reducir las brechas entre las culturas hegemónicas y las voces subalternas, asegurando que la música sirva como vehículo de justicia social.

La Escuela sigue los principios de la educación popular, una pedagogía crítica que busca emancipar a los sujetos a través de la formación integral y la concientización social. Inspirada en referentes como Paulo Freire, la educación popular no solo transmite conocimientos técnicos, sino que fomenta la reflexión crítica sobre la realidad. En este caso, la música se convierte en un medio para entender la historia, los derechos humanos y las luchas sociales. La Escuela Popular de Música no solo forma músicos, sino ciudadanos comprometidos con la transformación social, que entienden su rol como actores culturales con capacidad de incidencia en sus comunidades.

Desafíos y proyecciones futuras

A medida que la Escuela Popular de Música avanza, enfrenta desafíos relacionados con la sostenibilidad y la expansión de sus metodologías. Es fundamental continuar construyendo alianzas con otros actores del ámbito cultural, educativo y gubernamental para fortalecer este proyecto. La educación musical seguirá siendo un campo de batalla por la defensa de los derechos culturales, y el compromiso con la memoria, la justicia y la igualdad permanecerá en el corazón de cada una de sus iniciativas.

La cultura, entendida como un derecho y una herramienta de transformación social, seguirá siendo el “aguijón de la utopía”, la fuerza instituyente que, desde lo instituido, permite seguir soñando y construyendo horizontes de memoria, verdad, justicia, inclusión y equidad.

El recorrido histórico de las políticas culturales en democracia en Argentina se ha caracterizado por diversos enfoques y paradigmas que reflejan la interacción entre el Estado, la sociedad y la cultura, así como las tensiones presentes en la realidad social. Cada paradigma ha propuesto distintas maneras de entender el rol de la cultura, las políticas públicas y los actores sociales en la construcción de una identidad colectiva y en la participación ciudadana.

Las tensiones presentes en la sociedad, como la desigualdad económica, las demandas de reconocimiento de las diversidades culturales y las luchas por los derechos humanos, han influido de manera decisiva en las políticas culturales. Durante la transición democrática, la necesidad de abordar las secuelas de la dictadura y restablecer los derechos fundamentales impactó en la definición de las políticas públicas, especialmente en lo que respecta a la memoria y los derechos humanos.

El amparo presentado por las Madres de Plaza de Mayo por la ex ESMA representa un hito clave dentro de este proceso de política cultural “bottom-up”. Este acto no solo fue un ejercicio de lucha por los derechos humanos, sino que también instauró un precedente de resistencia activa y simbólica que vinculó memoria, justicia y cultura. La acción de las Madres no se limitó únicamente a lo legal; ellas, a través de este reclamo, plantaron las bases para la transformación de espacios de terror en territorios de memoria viva. 

La ex ESMA, convertida posteriormente en el Espacio para la Memoria, se ha constituido en un símbolo de este proceso de recuperación cultural desde las bases, rescatando la historia a través de la presencia activa de la sociedad civil. Esta acción de las Madres se puede entender dentro de las políticas culturales de democracia, en las que las demandas y luchas sociales han forjado caminos para construir narrativas y significados colectivos sobre los derechos humanos, y en donde los espacios de memoria no solo cumplen una función conmemorativa, sino educativa y transformadora.

El recorrido histórico de las políticas culturales en democracia, tal como lo enmarcamos en este trabajo, muestra cómo las tensiones sociales presentes han influido en la evolución de dichas políticas, atravesando distintos paradigmas que reflejan las relaciones entre Estado, sociedad y cultura.

En tiempos más recientes, las políticas culturales se han visto afectadas por las tensiones entre los modelos de desarrollo económico neoliberal y las demandas de inclusión social. Estas tensiones han generado debates sobre el rol del Estado en la promoción cultural, la protección de las identidades culturales y el financiamiento de proyectos culturales que no responden a lógicas comerciales.

A pesar de los avances en las políticas culturales, persisten desafíos importantes. La reducción de los presupuestos destinados a la cultura, las dificultades para sostener proyectos culturales comunitarios y la creciente mercantilización de la cultura plantean retos para el futuro. Es esencial continuar luchando por la plena participación de todos los sectores en la vida cultural, promoviendo políticas que aseguren el acceso a la cultura como un derecho y que fomenten la creación de espacios culturales democráticos y accesibles.

En conclusión, la Escuela Popular de Música, junto con la Tecnicatura en Música Popular, ejemplifica la importancia de una política cultural bottom-up que surge desde la sociedad civil y se articula con el Estado. Estos proyectos reflejan la necesidad de mantener viva la memoria histórica, defender los derechos culturales y promover la participación activa en la vida cultural, en la convicción de que la música y la cultura son herramientas poderosas para la transformación social.

Referencias bibliográficas:

ABELLO TRUJILLO, I. TABARES, M. y DE ZUBIRÍA SAMPER, S. (1998). Conceptos básicos de administración y gestión cultural. Organización de Estados Iberoamericanos.

BERTONE, M. A. (2024). Presentación Nro. 18. AURA. Revista De Historia Y Teoría Del Arte, (18). Recuperado a partir de https://www.ojs.arte.unicen.edu.ar/index.php/aura/article/view/1430

ETKIN, M. E. (2017) Las Organizaciones de la Sociedad Civil como imaginarios instituidos e instituyentes. Reflexiones desde la perspectiva de Cornelius Castoriadis. Revista Científica. Vol. 21, N°1, 2017

FERNÁNDEZ, C. I. (2020). Vista de Estado y políticas culturales en Argentina.Un análisis comparativo entre el Kirchnerismo y la Alianza Cambiemos.Sociohistórica, Nº 45, e102, Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.Centro de Investigaciones Socio Históricas.

GARCIA CANCLINI, N. (1987). Políticas culturales en América Latina. México: Editorial Grijalbo.

HARVEY, E. (1990). Derechos culturales en Iberoamérica y el mundo. Madrid: Editorial Tecnós

LOGIODICE MARIA JULIA (2012) Políticas Culturales. La conformación de un campo disciplinar. Sentidos y prácticas en las opciones políticas. CONICET-FLACSO-UNR, Argentina.

LLANTADA, N. . (2019). Políticas Culturales en Argentina del Siglo XXI: ARGENTINA DEL SIGLO XXI: Cultura y Poder. Cuadernos De antropología, 22, 9–22. Recuperado a partir de https://plarci.org/index.php/cuadernos-de-antropologia/article/view/1051

MATO, D. (2001) Estudios latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. CLACSO.  https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/11640/1/2intro_2.pdf

MENDES CALADO, P. (2015),  Políticas culturales: rumbo y deriva Estudio de casos sobre la (ex) Secretaría de Cultura de la Nación, – 1a ed. – Caseros : RGC Libros, 

SANTILLÁN GÜEMES, R. y OLMOS, H. (2004) El Gestor Cultural: ideas y experiencias para su capacitación. Ediciones Ciccus.

SOLANO, R. (2017). “Políticas públicas en disputa. Lo político como fundamento de las decisiones en el Estado”. EN: Revista Estado y Políticas Públicas (Flacso). Número 8. Año 5. Mayo-Septiembre de 2017

SOLANO R. (2013) Políticas Culturales Conceptos y Tensiones Articulo Web PDF, Buenos Aires

Teixeira Coelho (2000). Diccionario Crítico de política cultural: Cultura e imaginario. Editorial: CNCA / CNDCR, Secretaría de Cultura de Jalisco, Iteso. 

WORTMAN, A. (2017) Políticas culturales para la inclusión: Miradas comparativas sobre el programa Puntos de Cultura en Brasil y Argentina en la primera década del siglo XXI. XVI Congresso Internacional FoMerco Integração Regional em Tempos de Crise: Desafíos Políticos e Dilemas Teóricos. UFBA Salvador Bahia, Brasil. 1504114899_ARQUIVO_FOMERCOEixo11AWortman.pdf

ZAMORANO, M. M. (2016) La transformación de las Políticas Culturales en Argentina durante la primera década Kirchnerista: entre la Hegemonía y la Diversidad. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, núm. 70, pp. 53-83, 2016. Luis Gómez Encinas ed.

Teixeira Coelho (2000). Diccionario Crítico de política cultural: Cultura e imaginario. Editorial: CNCA / CNDCR, Secretaría de Cultura de Jalisco, Iteso.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio